11 de marzo de 2026. A propósito del amicus curiae de empleados de OpenAI y Google y su planteamiento sobre qué ocurre cuando sistemas todavía imperfectos se despliegan en áreas como vigilancia masiva doméstica o armas autónomas letales, sin marcos institucionales suficientemente robustos. Compartimos reflexiones derivadas de este contexto, tendencias y desafios.
La discusión contemporánea sobre inteligencia artificial ya no trata solo de capacidades técnicas. Trata, sobre todo, de poder, gobernanza y civilización. Esa es precisamente una de las tesis más provocadoras de The Age of AI and Our Human Future, de Henry Kissinger, Eric Schmidt y Daniel Huttenlocher: la IA no es una herramienta más, sino una tecnología que altera la relación entre conocimiento, decisión y autoridad.
El amicus curiae presentado por empleados de OpenAI y Google en sus capacidades personales— refuerza esa intuición, en apoyo a proceso judicial iniciado por Anthropic contra el gobierno de EE.UU. Su preocupación central no es si la IA será útil, sino qué ocurre cuando sistemas todavía imperfectos se despliegan en áreas como vigilancia masiva doméstica o armas autónomas letales, sin marcos institucionales suficientemente robustos.
Europa y Estados Unidos hoy representan dos respuestas distintas.
En efecto, en ese contexto, Europa y Estados Unidos hoy representan dos respuestas distintas:
- La Unión Europea ha optado por una arquitectura regulatoria que combina principios con obligaciones concretas. Su AI Act de 2024, establece un enfoque basado en riesgos: prohíbe ciertos usos inaceptables, impone requisitos reforzados a sistemas de alto riesgo y se inserta en una visión más amplia de IA “confiable”, centrada en seguridad, derechos fundamentales y supervisión humana. No es una regulación puramente abstracta; busca traducir valores en mecanismos operativos.
- Estados Unidos, en cambio, giró en otra dirección con la llegada de Donald Trump. La orden ejecutiva de Biden de 2023 sobre IA segura, protegida y confiable fue revocada en enero de 2025, y la nueva orientación federal se enfocó en remover barreras regulatorias para acelerar el liderazgo estadounidense en IA. Aun así, no desapareció todo el andamiaje: marcos voluntarios como el NIST AI Risk Management Framework siguen disponibles como referencia técnica para gestionar riesgos, confianza y gobernanza organizacional.
Para República Dominicana y América Latina, la pregunta no debería ser si copiar a Europa o imitar a Estados Unidos. La pregunta estratégica es otra: ¿cómo construir un modelo propio que no ahogue la innovación, pero tampoco deje a nuestras sociedades expuestas a daños previsibles?
Esperar pasivamente sería un error. Regular de forma precipitada y restrictiva, también. La mejor opción para la región probablemente sea una tercera vía creativa: una gobernanza ligera en burocracia, pero fuerte en principios, trazabilidad y responsabilidad. América Latina ya está construyendo capacidades, y organismos regionales vienen documentando avances en preparación, adopción y gobernanza de IA, al tiempo que destacan brechas en talento, infraestructura y políticas públicas.
República Dominicana, América Latina y el Caribe: Dilemas
La región no parte de un vacío normativo absoluto. Tiene puntos de apoyo relevantes en la Recomendación de la UNESCO sobre Ética de la IA, aplicable a sus Estados miembros, y en los Principios de IA de la OCDE, que promueven innovación confiable, respeto a los derechos humanos, transparencia y rendición de cuentas. En América Latina y el Caribe, varios países ya han desarrollado o están desarrollando estrategias nacionales de IA, mientras organismos como la OCDE y CAF han impulsado enfoques de uso estratégico y responsable en el sector público.
Mientras el mundo debate estos dilemas, también se está desarrollando una carrera global por la infraestructura de la inteligencia artificial: centros de datos, cables submarinos, computación en la nube y plataformas de procesamiento masivo.
Un ejemplo reciente es el anuncio de Google de invertir más de 500 millones de dólares en la República Dominicana para construir un “digital exchange hub” y nueva infraestructura de conectividad, incluyendo cables submarinos que conectarán directamente el país con Estados Unidos. El proyecto busca posicionar al país como un nodo regional para servicios de nube, IA y datos en el Caribe y las Américas.
Este tipo de inversiones revela algo importante: los centros de procesamiento de datos se están convirtiendo en la nueva infraestructura estratégica del siglo XXI, de la misma forma que los puertos, aeropuertos o redes eléctricas lo fueron en el pasado.
Para países como República Dominicana y para América Latina en general, esto abre una oportunidad histórica. La región puede posicionarse como hub digital para la economía de datos y la inteligencia artificial, atrayendo inversión extranjera directa y desarrollando nuevos ecosistemas tecnológicos.
Ahí está la oportunidad. República Dominicana y la región pueden aprovechar el impulso actual de la IA, la transformación digital y la inversión extranjera directa para posicionarse como territorios de innovación confiable. Eso implica atraer capital, sí, pero con reglas mínimas claras: evaluación de riesgos en usos sensibles, protección de datos, transparencia algorítmica en decisiones públicas, supervisión humana en sectores críticos y espacios de prueba regulatoria para innovar sin improvisar.
Lecciones y retos
La gran lección es que el dilema no es “regular o crecer”. El verdadero reto es gobernar para crecer mejor.
En esta nueva etapa, los países que lleguen primero no serán necesariamente los que más regulen ni los que menos regulen. Serán los que logren construir un equilibrio inteligente entre competitividad, confianza y legitimidad democrática.
Pero esto requiere marcos regulatorios inteligentes que protejan la soberanía digital, garanticen seguridad de datos y permitan integrarse a las tendencias globales de infraestructura tecnológica.
Ese debería ser, quizás, el verdadero proyecto latinoamericano para la era de la inteligencia artificial.
Sobre ISOC República Dominicana
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